lunes, 4 de marzo de 2013

Ventajas e inconvenientes de cambiar a Linux

Resto de entradas con intenciones didácticas en la etiqueta Aprendizaje.

Cuando uno se plantea dar el salto a GNU/Linux (en adelante, únicamente Linux) y abandonar la dictadura del software privativo enseguida surgen las dudas. Es lógico, el hábito hace mucho y prescindir de un sistema al que ya estamos acostumbrados por otro que cuando menos es una incógnita no es un paso que cualquiera esté dispuesto a dar. Hay que admitir que Windows es un sistema intuitivo y que no se tarda en aprender, aparte de que es relativamente sencillo conseguir copias piratas de casi cualquier aplicación. Un usuario medio lo tendrá difícil para decidirse, y lo menos que puedo hacer es explicar lo que uno gana y lo que pierde con el cambio.

En primer lugar vayamos con las ventajas, y la primera es obvia: el precio. No cuesta nada bajarse, instalar una distribución Linux y funcionar con ella en tu casa, en tu PYME o en tu universidad. Lo mismo digo de la multitud de aplicaciones existentes para toda clase de tareas, así como sus correspondientes actualizaciones y nuevas versiones. Todo a coste cero y sin apenas restricciones. No me digan que en la época de crisis que vivimos no sería todo un alivio para las pequeñas y medianas empresas soltar el lastre que supone el pago de licencias por el uso de software.

Vamos con más. Es un lugar común que los sistemas Linux no sufren ataques de virus porque, simplemente, no existen virus para Linux. Hay que decir que esto no es cierto (de hecho, por algo hay antivirus para Android). Claro que los hay, unos 300 según mis datos, pero al ser este un sistema aún poco implantado en los PC's a nivel mundial, si lo comparamos con Windows, la incidencia de estos virus es tirando a irrelevante. El carácter abierto del software libre también hace que los problemas que pueda generar un virus se solucionen mucho más rápidamente. A fin de cuentas, lo que un creador de virus informáticos quiere es relevancia, y eso se lo da Windows. En conclusión, las probabilidades de que un sistema Linux se infecte con un virus son tan escasas que apenas se tienen en cuenta.

Podemos mencionar también la sobreabundancia de aplicaciones de todo tipo, mantenidas por una numerosísima comunidad de usuarios a la que recurrir en caso de sufrir algún problema. Una mediana empresa podría funcionar perfectamente con el software de ofimática, de diseño o de contabilidad que se puede adquirir gratuitamente por ser usuario de Linux (aquí tienen un listado de alternativas libres al software más común de Windows). A eso le añadiremos que la estabilidad heredada de UNIX los convierte en sistemas bastante fiables, sin olvidar que la mayoría de distribuciones disponen de un entorno gráfico similar al de Windows para hacerlos igual de accesibles.

Y ahora, los inconvenientes.

Si usted es un usuario avanzado de, digamos, AutoCAD, no podrá encontrar un programa similar en Linux. Hay programas de CAD pero ninguno que llegue tan lejos como AutoCAD, MicroStation o Catia. Lo mismo podemos decir del conocido Photoshop o de software de diseño 3D avanzado como 3D Studio MAX o Solid Works. Repito, hablo de usuarios muy experimentados. Un usuario medio se puede contentar sin problemas con lo que puede encontrar tanto en los repositorios (sitios centralizados donde se almacena todo el software que uno se puede descargar) como en el resto de la red.

[Inciso] No quiero extenderme ahora sobre esto, pero existen modos y maneras para sobrellevar estas carencias. Una sería virtualizar Windows dentro de una distro Linux (ejecutarlo desde, por ejemplo, Ubuntu, como si fuese una aplicación más) usando VirtualBox y la otra utilizar Wine, un emulador de programas Windows, si bien no en todos los casos da resultados satisfactorios [Fin del inciso].

¿Más pegas? Sí. Aún son pocos los fabricantes de hardware que incluyen controladores para Linux en sus productos. Esto es algo que he sufrido en mis carnes ya que me fue imposible configurar mi anterior impresora para Ubuntu, y he tenido que sufrir para configurar el escáner o la tarjeta de TV. No es algo que vaya a ocurrir siempre, aviso. De hecho, quién no ha pasado por tragos similares en Windows, incluso con los drivers oficiales (ah, esos conflictos entre drivers y hardware...). Aunque es cierto que con el paso del tiempo estos problemas se van reduciendo llegando a resultar pasmosa la rapidez con que una máquina con Linux instalado reconoce todo o casi todo lo que tiene enchufado.

La última molestia que destacaría es que, a pesar de que las distribuciones Linux disponen, como ya he dicho, de entorno gráfico de ventanas, el máximo rendimiento se le saca mediante la introducción de órdenes por teclado. ¿Se acuerdan de la pantalla de MS-DOS? Pues a eso me refiero. Pero claro, uno se acostumbra a las ventanitas, los menús, los botones, los colorines... y quién quiere volver a aquel tostón antediluviano. Lo entiendo perfectamente, no se crean. Y más si les digo que hay decenas y decenas y decenas de órdenes y opciones para operar desde la Shell, que es como se llama la ventana de comandos. Es como reaprender informática desde cero. ¿Es imprescindible? Supongo que no, dependiendo de a que se vaya uno a dedicar. ¿Conveniente? Sin duda. A veces para solventar un problema solo se podrá disponer de la Shell, y hay que saber manejarse con ella.

Para terminar, solo añadiría que la apuesta por el software libre tiene mucho de compromiso moral. Si no le va a importar sufrir un poco porque considera que los principios en los que se basa el software libre merecen contar con su apoyo, entonces adelante. Si, por el contrario, lo que quiere es ahorrarse problemas, siga con Windows. Linux no es perfecto, pero es gratis, sin virus, con muchísimas aplicaciones y permanentemente actualizable. Si no quiere pagar por Windows y por cada uno de los programas que pueda necesitar, tendrá que recurrir a la piratería, con todo lo que conlleva el uso de software pirateado. Y ahí lo dejo.

¿Piensas que Linux no es para tí? "Not for you", tema del tercer disco de Pearl Jam.